Cada mes de junio, salimos a las calles no para pedir permiso, sino para recordar que el Orgullo es una protesta. Que nació en la revuelta. Que fue una respuesta valiente y radical ante la violencia, el abandono institucional y el silenciamiento social.
El Orgullo no es sólo una fiesta. Es memoria, es lucha, es historia. Y por eso, hoy alzamos la voz para denunciar cómo se ha vaciado de contenido político por parte de las instituciones públicas que se dicen progresistas y que, sin embargo, borran siglas, excluyen cuerpos e ignoran las luchas más incómodas.
Nos preocupa que el Orgullo se convierta en un espectáculo gestionado desde arriba, donde se prioriza lo visual, lo comercial, lo asimilable, por encima del contenido transformador y colectivo. Se aplaude el show, se invisibiliza la opresión. Se celebra lo que no incomoda. Y así, se reescribe la historia del Orgullo borrando a quienes lo iniciaron: Marsha P. Johnson, Sylvia Rivera, y tantas otras personas trans, racializadas, lesbianas, precarias, putas, migrantes, queer.
Nos duele ver cómo administraciones que se autoproclaman defensoras de la diversidad, han eliminado la Q de “queer” de las siglas LGBTIAQ+, invisibilizando una identidad política y disidente que fue, y sigue siendo, central en la resistencia contra la cisheteronorma. Esta supresión no es inocente. Es un acto de borrado, de domesticación de nuestras luchas. ¿Qué tipo de progreso es ese que recorta la diversidad para encajarla en discursos cómodos?
Denunciamos que el Orgullo institucional no representa la pluralidad de nuestras identidades ni nuestras necesidades reales. Las personas trans siguen enfrentando violencia y exclusión. Las personas intersex continúan sufriendo intervenciones médicas sin consentimiento. Las realidades no binarias no se reconocen legalmente. Las lesbianas aún luchan contra la invisibilización. Las personas racializadas dentro del colectivo sufren el doble estigma del racismo y la LGBTIAQ fobia.
Ante esto, reivindicamos un Orgullo radical, feminista, interseccional y comunitario. Un Orgullo con memoria, con justicia, con verdad. Un Orgullo que no dependa de patrocinios, ni de filtros institucionales, ni de lógicas del mercado. Un Orgullo que escuche a todas las voces, especialmente a las que siempre han sido silenciadas.
Frente al vaciamiento, nosotras llenamos el Orgullo de sentido, de historia y de lucha colectiva. Porque estamos aquí gracias a quienes se atrevieron a alzar la voz cuando hacerlo costaba la vida. Y porque no aceptamos que nos recorten en siglas ni en derechos.
No es sólo cuestión de visibilidad. Es una cuestión de justicia.
Orgullo sí, pero con memoria.
Orgullo sí, pero con todas las siglas.
Orgullo sí, pero sin borrados.
Orgullo sí, pero sin espectáculos vacíos.
Orgullo sí, pero con lucha.










