La presentación estuvo a cargo de nuestra compañera Lupi, quien nos contó que la historia se inspira en una vivencia real: la de la hermana de la directora. A partir de un corto documental previo, ambas decidieron transformarla en largometraje, incorporando elementos de ficción sin perder la autenticidad de la experiencia.
Durante el visionado, la película nos conmovió por su capacidad de generar empatía con la protagonista, mostrando su cotidianidad desde una mirada sensible y sin caer en la revictimización.
En el debate posterior, reflexionamos sobre la identidad sorda, las relaciones entre personas oyentes y no oyentes, y las diferencias entre inclusión e integración.
Entre los temas que surgieron, destacamos las expectativas familiares que recaen sobre hijas e hijos, las violencias transversales —especialmente las que pueden darse en el ámbito doméstico cuando existe una persona que depende del cuidado de otras— y cómo estas dinámicas condicionan el futuro.
También analizamos las pinceladas de amor romántico presentes en la historia. Casi todas coincidimos en la importancia de planificar la vida y los vínculos desde la conciencia y no desde la “magia del amor”.
Otro punto de conversación fue el rol masculino: observamos cómo el personaje masculino asumía tareas tradicionalmente feminizadas, lo que nos llevó a cuestionar si esto respondía realmente a una distribución equitativa o a una percepción de incapacidad por parte de la pareja hacia la protagonista debido a su sordera.
Finalmente, la sesión derivó en una reflexión colectiva sobre la comunicación como forma de habitar el mundo. Cerramos con una pregunta que quedó flotando en el aire:
¿Cómo nos comunicamos más allá de los sonidos?

