Ayer disfrutamos de nuestra última sesión del club el libro “Kódigo Virginia” (hasta octubre). Lo brindamos a nuestras hermanas Berta Cáceres y Lesbia Janeth, asesinadas recientemente.

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Carmen Grimaldi abrió el club con la lectura de su poema “Caos de la existencia”:

Mujer sobre cuerpo inerte.

Arte descubrimiento.

Visiones relevantes.

Desafío de fronteras.

Talismanes del destino.

Invertir en pasiones.

Agendas por cumplir.

Dueñas del tiempo.

Geometrías naturales.

Estética del placer.

Libertad del artista.

Espejos por mirar.

Historias alcanzadas.

Descubrir el futuro.

Relaciones por tomar.

Retomar de pasiones.

Simetría de la eternidad.

Leyes sin cumplir.

Cuerpos en propiedad.

Luchar. Vivir en el desafío.

No atentar en la maestría de la identidad de ser,

Simplemente mujer.

También nuestra compañera Mª Carmen leyó un poema de Ana Rossetti (“Los devaneos de Erato” 1980).

 

Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos.
Démonos prisa desvalijándonos
destruyendo el botín de nuestros cuerpos.
Al enemigo percibo respirar tras el muro,
la codicia se yergue entre sus piernas.

Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos.
No deis pródigamente a la espada,
oh viril fortuna, el inviolado himen.
Que la grieta, en el blanco ariete
de nuestras manos, pierda su angostura.

Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos.
Ya extendieron las sábanas
y la felpa absorbente está dispuesta.
para que los floretes nos derriben
y las piernas empapen de amapolas.
Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos.
Antes que el vencedor la ciudadela
profane, y desvele su recato
para saquear del templo los tesoros,
es preferible siempre entregarla a las llamas.

Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos.
Expolio singular: enfebrecidas
en nuestro beneficio arrebatemos
la propia dote. Que el triunfador altivo
no obtenga el masculino privilegio.

Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos.
Con la secreta fuente humedecida
en el licor de Venus,
anticipémonos,
de placer mojadas, a Príapo.
y con la sed de nuestros cuerpos, embriaguémonos.

Y besémonos, bellas vírgénes, besémonos.
Rasgando el azahar, gocémonos, gocémonos
del premio que celaban nuestros muslos.
El falo, presto a traspasarnos
encontrará, donde creyó virtud, burdel.

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En esta ocasión, el libro que comentamos fue “Las hijas de Tahití” de Celestine Hitiura Vaite. Todas destacamos que es un libro apetecible y fácil de leer, que engancha y que sobre todo deja un sabor agridulce. En cuanto a los temas que trata el libro se habló de colonialismo, maternidades, ambiciones personales y profesionales, relaciones intergeneracionales resaltando la sororidad y sobre todo la opresión de las mujeres en todas las partes del mundo.

Para finalizar leímos los relatos, que en esta ocasión empezaron con la frase “sólo tenía que abrir los ojos…”, y realizamos nuestra ya tradicional dinámica, de lectura de todos los relatos anteriores con las voces que nos indicara la patata caliente.

Nos vemos en octubre con “El cuento de la criada” de Margaret Atwood.

Y recordad que si queréis participar en el club del libro Kódigo Virginia, podéis escribir al correo cdl.kodigomalva@gmail.com y se os enviará toda la información.