Para esta sesión de nuestro club del libro “Kódigo Virginia” elegimos la obra de Anne Brontë, La inquilina de Wildfell Hall.

Comenzamos leyendo varios poemas de Fadwa Tuqan, poetisa nacida en Nablus -Palestina- que relata en sus obras tanto la injusticia del estado de Israel con Palestina como la lucha por los derechos de las mujeres.

La roca:

El día en que conocimos la muerte y la traición,
se hizo atrás la marea,
las ventanas del cielo se cerraron,
y la ciudad contuvo sus alientos.
El día del repliegue de las olas; el día
en que la pasión abominable se destapara el rostro,
se redujo a cenizas la esperanza,
y mi triste ciudad se asfixió
al tragarse la pena.

Sin ecos y sin rastros,
los niños, las canciones, se perdieron.
Desnuda, con los pies ensangrentados,
la tristeza se arrastra en mi ciudad;
el silencio domina mi ciudad,
un silencio plantado como monte,
oscuro como noche;
un terrible silencio, que transporta
el peso de la muerte y la derrota.

¡Ay, mi triste ciudad enmudecida!
¿Pueden así quemarse los frutos y las mieses,
en tiempo de cosecha?
¡Doloroso final del recorrido!


1200px-The_Brontë_Sisters_by_Patrick_Branwell_Brontë_restoredAnne formaba parte de una familia en la cual, de 6 hermanas y un hermano, la mayoría murieron de tuberculosis. Dos de sus hermanas murieron prematuramente en el internado donde estudiaban. Este hecho marcó profundamente su vida posterior, porque su padre, temeroso de que pudieran fallecer también, las llevo a casa y se encargó de la educación de sus hijas.  Esta educación consistió básicamente en una enseñanza religiosa y en la perspectiva de un trabajo futuro como institutriz.

Una educación en el siglo XIX, marcado por el comienzo del romanticismo y por una contrarrevolución religiosa extremista.

Las hermanas de Anne, Emili y Charlotte también fueron grandes escritoras que jamás firmaron sus obras como mujeres. Aunque el ambiente y la línea son parecidas, no todas han gozado del mismo reconocimiento.

La inquilina de Wildfell Hall es una novela en la que la religiosidad de la autora está muy presente, incluso a veces a través de la protagonista. Una novela muy contundente y que se sale de lo común, ya que habla de sentimientos femeninos y masculinos, toda una extrañeza en el momento y que recoge procesos muy importantes.

En las reflexiones posteriores recogimos las ideas de que esta obra está de plena actualidad ya que posee un valor simbólico. Un valor simbólico por el peso de la religión en las relaciones sentimentales, que aun hoy trasciende y va de la mano del amor romántico.

También destacamos la supervivencia y la autogestión de la salida en situaciones de violencia y sobre todo, la legitimidad de poder elegir modelos en la educación de los hijos e hijas fuera de esa situación de violencia.