Son ya muchos meses desde que compartimos espacio en uno de los centros cívicos de nuestra ciudad en el que convivimos maravillosamente con diversas entidades a las que consideramos familia y con toda aquella persona que necesite de este tipo de instalaciones en momentos puntuales, pues son instalaciones municipales de uso público destinadas para tal fin.

En esta nuestra (somos muchas las que pasamos aquí más tiempo que en nuestros propios hogares)-vuestra casa es donde le damos forma a nuestras reivindicaciones, nuestras inquietudes y preocupaciones…y donde, como feministas, pretendemos hacer una labor de sensibilización en el mismo espacio, además de poner en práctica los amores y los cuidados.

En una ocasión y como ya denunciamos públicamente, esta labor de sensibilización fue “petardeada” por un grupo de adolescentes. Adolescentes que en un alarde de hegemonía machuna, dieron suelta a su “gamberrismo” haciendo pintadas en la exposición de las ilustraciones que Paulino Ramos realizó para Bloque Andaluz de Revolución Sexual en el día del Orgullo LGTBQI de Andalucía 2016. Volviendo a realizar esfuerzos económicos, imprimimos las imágenes y lucieron orgullosas en los pasillos.

Hace ya un año, las instalaciones fueron objeto de varios destrozos y robos. Además de romper todos los picaportes de las puertas donde cada entidad disfruta de un espacio más o menos digno, robaron materiales indispensables para el trabajo a los compañeros de Taetro y a nosotras un ordenador portátil. Tras las oportunas denuncias en la Guardia Civil y de cuyo procedimiento nunca más volvimos a saber, el ayuntamiento decidió convertir este espacio de convivencia en un fuerte, colocando cámaras de vigilancia y reforzando las distintas puertas de acceso con placas de metal para “nuestra” seguridad. Siempre nos preguntamos que qué opinarían los vecinos y vecinas ante tal despliegue securitario, ya que a nosotras lejos de reforzar la idea de lo común, nos parece que nos aísla de ese sentimiento y nos hace preguntarnos a cerca de nuestra labor y la labor de las administraciones por el respeto y uso de los espacios comunes.

Hoy volvemos a ser objeto de ese “gamberrismo” pero de modo brutal. Han arrancado todas las imágenes y posters que se encontraban desplegados por los espacios de uso común. Imágenes relativas a jornadas, a eventos, de nuevo la exposición de Paulino Ramos, el relativo a “Espacio libre de heteropatriarcado”, contra las violencias machistas…todos los materiales que con tanto esmero e ilusión habíamos destinado para hacer de este lugar un lugar un poquito más humano y donde se visibilizasen las desigualdades, las trasgresiones y acciones que los colectivos llevamos a cabo con mucho esfuerzo y recursos humanos y materiales.

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Nos duele saber que hay personas que no tienen la intención de respetar unas mínimas normas de convivencia pública sobre todo porque, lejos de hacernos daño o disuadirnos, lo que nos provocan es que transformemos nuestra rabia en más trabajo y poderío. Un poderío que utilizaremos para renovar con más ahínco nuestras ganas de tener unas paredes que nos representen, que llenen de luz, de color y de alegría la peste a rancio que nos intentan imponer, que de eso, como feministas, entendemos un rato.

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