Manifiesto coordinadora provincial de colectivos feministas de Cádiz | 8 Marzo 2022

Desde la Coordinadora de Colectivos Feministas de la Provincia de Cádiz, volvemos a salir a las calles de nuestra provincia otro 8 de marzo porque somos conscientes que las luchas de las mujeres, de todas las mujeres, solo confluyen en las calles, ahí es donde somos realmente inclusivas.

Las mujeres no somos sujetos estándares, somos diversas y en nuestra diversidad está nuestra fuerza. A todas este sistema capitalista y patriarcal nos otorga un papel subalterno pero si, además, pertenecemos a la clase trabajadora, nos sobreexplota, nos excluye del poder económico y nos carga con la responsabilidad de cuidar a nuestras familias sin ser cuidadas, como predestinadas a realizar ese trabajo gratis.

No, este año, no queremos hacer un manifiesto al uso, sino una reseña a las que sufren mayor discriminación por su género, por su color de piel o su pertenencia a culturas distintas a las dominantes en la sociedad. Y no, no queremos olvidarnos de dar un sentido global al problema medioambiental y armamentístico actual.

Queremos hacer una denuncia desde las entrañas de la realidad existente, en la que las más perjudicadas seguimos siendo nosotras. Vivimos con menos derechos, lo que quiere decir que hay otros que tienen el privilegio de disfrutarlos. Como cómplices está este sistema que, desde lo político, lo económico, lo laboral o lo social, sigue dejándonos en la estacada, pese a que se ha visto que el trabajo que realizamos mayoritariamente nosotras, es el esencial para la vida de las personas y la del medio ambiente.

El destino de muchas mujeres que pertenecemos a la clase obrera, es el de vender nuestra fuerza de trabajo, limpiando, cocinando, cuidando o ejerciendo el trabajo sexual, soportando el clasismo y la putofobia sobre los hombros. Son trabajos mal pagados, sin protección laboral, sin reconocimientos sociales, ni declaración de enfermedades laborales, ni jubilación. Incluso sin sueldo, como el trabajo de ama de casa. No pedimos más que el reconocimiento que han tenido siempre los trabajos reservado a los hombres blancos y cisheteronormativos, queremos convenios justos, reconocimiento de enfermedades laborales y derecho a prestaciones.

Si eres una mujer migrante o racializada tu destino está más fácilmente asociado a la precariedad, teniendo que combatir además el racismo y la xenofobia. Si eres una mujer trans, las posibilidades de que tu destino esté vinculado a los trabajos precarizados son mayores, soportando además el estigma y la transfobia de una sociedad cisnormativa y binarista, un estigma que comparten con hombres trans y personas no binarias por su invisibilización y falta de reconocimiento social. No olvidemos nunca que es el día de las mujeres, pero que no vivimos las mismas opresiones y no podemos dejar a las compañeras a un lado, por salvarnos a nosotras. La sororidad es y siempre será interseccional.

Seguimos sufriendo, en pleno siglo XXI, mientras los medios nos hablan como si todo esto hubiera cambiado, como si ya existiese igualdad. Como si la mayoría de las mujeres de la clase obrera, acabaramos trabajando de amas de casa gratuitamente por placer, o ganando un sueldo mísero como kellys, limpiadoras, cuidadoras o trabajadoras sexuales porque lo eligiéramos nosotras. Como si no hubiera responsabilidades, como si no pudiéramos hacer nada como sociedad, como si esto simplemente fuera así y punto.

Queremos políticas, de verdad, para la vida. Porque hay quienes tienen más riesgo a ser precarizadas, porque hay seres humanos de segunda y mujeres de segunda. Y porque el consumismo y el capitalismo voraz nos aboca a una crisis social y climática.

Tuvimos que parar durante la pandemia y se demostró que conseguíamos mejorar la calidad del aire y que se podía frenar la destrucción originada por el cambio climático. Una pandemia que parecía abrirnos los ojos demostrando que hay que invertir en salud, cuidados, medio ambiente y justicia social. Que puso sobre la mesa la esencialidad de muchos de los trabajos que están fundamentalmente ocupados por mujeres.

Como ecofeministas reclamamos parar los modelos capitalistas de producción y consumo que nos lleva de cabeza a la desaparición de las especies que vivimos en la Tierra. Exigimos que desaparezca el Ecofascismo y nos negamos al uso de la energía nuclear porque es incompatible con un modelo energético sostenible. Queremos que se pare el capitalismo verde, que incita a nuevos consumos supuestamente sostenibles pero en realidad, destructor de medios naturales. Acabemos con el consumismo para dejar de generar basura y concienciar a nuestra sociedad en una vida ecológica.

Ser ecofeministas significa exigir Justicia Social para todes por igual. El 80% de las personas refugiadas climáticas son mujeres y niñas. Niñas de comunidades de migrantes, pueblos originarios, con diversidades funcionales, comunidades rurales, marginadas e invisibilizadas que no tienen acceso a la educación, expuestas a la precariedad más extrema, de la que se aprovechan estados, empresas y mafias para explotarlas. El cambio climático es un problema de género. Todo intento de alcanzar justicia climática que no pase por reconocer las opresiones y desigualdades que se entrecruzan, está destinado al fracaso.

Las mujeres, especialmente las más vinculadas a las situaciones de precariedad, tenemos, a causa de ello, conocimientos y experiencia en reciclar, reutilizar, en el sostenimiento de hogares, en cuidados y agricultura de cercanía. Aprovechemos toda esa experiencia y démosle valor para formar una sociedad resiliente. No tenemos miedo a la necesaria bajada del consumo y cambio de los modelos de vida, sino a la destrucción de los hábitats naturales, las vidas y el medio. Aprendamos también de los pueblos originarios y defendamos la Tierra y la vida.

Las feministas exigimos el cese de la cultura de la guerra y del negocio de la industria armamentística. En las guerras, las mujeres no solo somos víctimas, sino objetos y trofeos de guerra. Defendemos una lucha por la paz que sea antipatriarcal, anticapitalista y anticolonialista. Es el momento de hacer una sociedad resiliente que se mire a los ojos y se reconozca en sus iguales, no en los que nos roban el futuro y la propia vida.

Por todo esto este 8M nos reivindicamos esenciales y, por tanto, con derechos. Queremos derechos para todas todos los días.

Mujeres en precario, violencias a diario.

Mujeres diversas, unidas y en lucha.

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