Celebramos un nuevo Orgullo en un contexto marcado por el fascismo, el la transfobia y la homofobia, la persistente invisibilización de la lesbofobia, la plumofobia, el racismo, la misoginia y todas aquellas violencias estructurales que condenan a muchas personas a la precariedad, el empobrecimiento y la exclusión.
La fiesta no oculta la lucha. La hace visible. Es la expresión pública de una comunidad que lleva todo el año sosteniendo redes, defendiendo derechos y enfrentándose a la violencia.
Detrás de la música hay memoria.
Detrás del color hay resistencia.
Detrás de la celebración hay una lucha colectiva que no termina cuando acaba la manifestación.
Cada bandera, cada cuerpo, cada pluma, cada baile y cada canción son una respuesta a quienes nos quieren con miedo, escondidas o avergonzadas.
Celebrar es resistir.
Reír es resistir.
Mostrar la diversidad con orgullo es resistir.
Porque la alegría también es una herramienta política.
Frente a ello, las instituciones vuelven a apropiarse de un movimiento nacido desde la disidencia para convertirlo en un acto amable, despojado de conflicto y reducido a un mensaje vacío sobre el amor.
Pero nuestro mensaje nunca ha sido solo el amor.
Nuestro mensaje es la libertad de existir. Es el derecho a vivir sin miedo, a mostrar la diversidad sin pedir permiso y a construir otra forma de estar en el mundo, más justa, más libre y más igualitaria.
Porque existir ya es un acto político.
Desde Kódigo Malva seguiremos defendiendo un Orgullo feminista, interseccional y profundamente transformador. Un Orgullo que no deje a nadie atrás y que ponga en el centro a quienes siguen siendo más vulnerabilizadas.
Y ante quienes pretenden sembrar odio y miedo, seguiremos respondiendo como siempre lo hemos hecho: unidas, visibles y alegres.
Porque quizá eso sea lo que más les revienta: que, pese a todo, seguimos llenando las calles de diversidad, de comunidad y de alegría. No porque olvidemos la opresión, sino porque sabemos que celebrar quienes somos también es una forma de combatirla.

