Con motivo del día Internacional de La Paz, Kódigo Malva quiere homenajear a una mujer premiada con el Nobel de La Paz que ha luchado y sigue luchando por los derechos humanos de su pueblo.

Política activista birmana es la figura emblemática de la oposición birmana contra la dictadura militar que ocupó el poder casi 50 años, hasta el 2011. Tras diplomarse en Oxford, trabajar en la Secretaría de las Naciones Unidas y ser profesora en la India, Aung San Suu Kyi regresó a Birmania en 1988 y participó en el “segundo combate en pro de la independencia nacional”. Este combate se inspiró en el ejemplo pacífico de Gandhi y en su fe budista, que le llevó a propugnar una “revolución del espíritu que se manifiesta mediante el reconocimiento de la necesidad del diálogo y la compasión por los más humildes”. A pesar de estar arraigada en la tradición birmana, supo evitar las manipulaciones nacionalistas basando su lucha en “los principios sagrados de la moral”, insistiendo en la necesidad de reconciliar a las etnias de su país, profundamente divididas.

12027777_1628060517468699_7398915422101683579_nEn 1989 fue sometida a arresto domiciliario en Rangún. Asumió la dirección de la Liga Nacional para la Democracia, que ganó las elecciones en 1990 por mayoría aplastante. Como las autoridades militares se negaron a tener en cuenta este resultado, su partido no pudo formar un gobierno civil. Aung San Suu Kyi, sujeta a estrecha vigilancia, prefirió permanecer al lado de su pueblo dando testimonio de su fe en “la idea del bien y de lo justo”.

Ha recibido numerosos premios, entre ellos el Premio Thorolf Rafto de defensa de los derechos humanos y el Premio Sájarov de libertad de pensamiento. Fue reconocida como prisionera de conciencia por Amnistía Internacional y gracias al propósito de que el drama birmano no cayera en el olvido en 1991 se le otorgó el Premio Nobel de La Paz pero, debido a su arresto, tuvo que esperar a junio de 2012 para poder recogerlo en Oslo. Suu Kyi pasó 15 años privada de libertad, bien en prisión o en arresto domiciliario.

Ella sigue siendo una expresión viviente de la determinación de su pueblo de conseguir libertades políticas y económicas. Suu Kyi ha hecho un llamamiento a la ciudadanía del mundo para que “usen su libertad para fomentar la nuestra”.

“Creo que a estas alturas ya he dejado bastante claro que no estoy muy feliz con la palabra ‘esperanza’. No creo en que la gente sólo tenga esperanza. Nosotros trabajamos para lograr lo que queremos”.

(Daw Aung San Suu Kyi)