logoTras el verano, nos hemos vuelto a reunir para el proyecto Adopta una autora, en esta ocasión para hablar del El Sur. El Sur fue publicado en 1985, dos años después de que fuera llevado al cine por Víctor Erice. A lo que nos preguntamos, ¿por qué se esperó tanto para editarla?

Está narrada en 1º persona y dirigida a un interlocutor fantasmal: su padre. Hace un uso magistral de la primera persona, una forma de terapia: “Mañana, en cuanto amanezca, iré a visitar tu tumba, papá”, y, puestos a hablar de enganches a la lectura, ahí ya nos atrapó.

Es la segunda novela editada por Adelaida, tras Archipiélago (1981). Y siempre va en conjunto con Bene, también novela corta con la que tiene muchas similitudes en cuanto a género, ambiente y componentes fantásticos.

La novela está cargada de sentimientos. Desde la amargura, muy presente en todo el desarrollo, hasta la curiosidad, el perdón y la luz. Pero, sobre todo, la humanización de los personajes, desligando los distintos roles que estos tienen en torno a Adriana.

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Los personajes son características de la época: mujeres que transmiten la culpa, las normas y la ideología del momento a Adriana: “el comedor que nunca usaba”… cuya transgresión es permitida en ocasiones por su padre, personaje idealizado, y con el que mantiene una relación más comunicativa, sobre todo en la infancia y que se modifica al entrar en la juventud, sedienta de nuevas experiencias y preguntas.

Como casi todas las obras que hemos leído hasta ahora de Adelaida, tiene tintes fantásticos, o, al menos, singulares, como es el caso de los trabajos y las enseñanzas como zahorí del padre y Adriana, el diario de su hermanastro, la máscara de diablo, el péndulo, los recuerdos nítidos de la infancia… Estos detalles nos han hecho pensar que el relato puede tener tintes autobiográficos de Adelaida, por la geografía -ambientado posiblemente en Extremadura- donde la autora pasó su niñez y cuyos escenarios (fríos e inhóspitos) se evocan en varias ocasiones, así como algunas descripciones de los personajes.

Y, por último, aparece la ciudad de Sevilla como mayor anhelo, como la luz, el origen de una vida apasionada y vibrante y, posiblemente, fuente de respuestas para entender al padre: “Supe que si tú te hubieras quedado vagando por algún lugar de este mundo sería en aquella ciudad, hecha de piedras vivientes, de palpitaciones secretas. Había en ella un algo humano, una respiración, un hondo suspiro contenido…”

En esta novela, Adelaida nos ha hecho volver a nuestra infancia, a la visión o recuerdo que tenemos de nuestros padres…un ejercicio que a veces resulta doloroso y en otras, liberador.

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Adelaida García Morales por @BeaLuke para Adopta una Autora