En Kódigo Malva seguimos desgranando poco a poco a Adelaida García Morales, dentro del proyecto Adopta una Autora.  En ésta ocasión, aprovechando la visita de una de nuestras Kódigas a Capileira, Granada, hemos querido ahondar en la figura de Adelaida y, sobre todo, en el pueblo y la tierra que impregnó gran parte de sus escritos. Hemos querido descubrir de primera mano esa magia que se respiraba en los callejones de El Silencio de las Sirenas.

Capileira, pueblo de la Alpujarra granadina, situado en la ladera  sur del macizo de Sierra Nevada y en mitad del barranco del  Poqueira,  fue elegido por Adelaida para vivir durante unos años, años que fueron de creación literaria: “El Sur” en 1.981 y  la novela “El silencio de las sirenas” en 1.985, que aunque ya no vivía allí, está inspirada en la Alpujarra.  Con esta novela recreó en gran medida el ambiente, tan bonito e interesante que existía por entonces y que sigue atrayendo en la actualidad a muchos visitantes;  “Vivimos allí, rodeados de muchos extranjeros bohemios llegados de Estados Unidos e Inglaterra que querían emular los pasos de Gerald Brenan” dijo en una entrevista que le hicieron hace tiempo.

Esos años constituyeron una de las etapas más felices y productivas de su vida.  Fue entrevistada en un programa de Canal Sur, “Adelaida, al Sur”, el 14 de febrero de 1996, donde decía  “La Alpujarra me gusta sobre todo en invierno, donde los elementos de la naturaleza son muy fuertes, muy intensos. Y no sólo me gustaba el paisaje, los pueblecitos y las personas que conocí allí, sino que buscaba fundamentalmente una experiencia interior, un contacto con la naturaleza y buscar estados interiores en la soledad máxima”.

calle romana
Calle Romana, donde vivió Adelaida a finales de los 70.

Ha pasado el tiempo, Adelaida ya no está entre nosotras y he viajado este otoño buscando los rincones por donde anduvo ella. He paseado por el barrio Bajo donde vivió Adelaida durante esos años. La casa daba a dos calles: a la calle Nueva daba la ventana de arriba y la entrada principal estaba por la calle Romana y he encontrado en el pueblo gente que habla de ella con absoluto desconocimiento y gente que la conoció y sabía de ella por un motivo u otro: Pepa, la tenía de vecina y además le hacía la faena de la casa. Comenta que Adelaida se pasaba el día escribiendo. También le gustaba mucho pasear  y muchos días se iba andando hasta Bubión. Salía muy poco: a comprar el pan, al médico; pero no se relacionaba casi con nadie del pueblo. Su relación con Adelaida sólo era doméstica. Su hija Pili  recuerda el sonido de la máquina de escribir cuando ella iba para la escuela y que a Adelaida le molestaban los ruidos que hacían los niños en la calle cuando jugaban. Ella la recuerda con su roete y la raya en medio. Carmen conoció a Adelaida cuando era pequeña porque su madre, Encarna, tuvo contacto con Adelaida hasta poco antes de su muerte ya que, tal como cuenta, era íntima amiga suya. No hablaban de literatura ni de libros, sino de sus vidas privadas  Su padre realizaba obras en la casa donde vivía Adelaida, lo que hizo que ambas se conocieran. A Carmen la invitaba Adelaida a merendar muchas tardes y jugaba con Pablo, el hijo que tuvo con Víctor Erice. Según cuenta Carmen, “Adelaida no estaba enferma. Hubo una época que engordó mucho, pero enferma no estaba”. Tampoco estaba depresiva  sino que tenía su propia personalidad, era distinta. Su madre nos hablaría muy bien de Adelaida. También conocí a Christopher Hoare, pintor inglés, que llegó a Capileira con su mujer hace más de cuarenta años y compartía amistad con Adelaida y Víctor.

Y todos hablan de la casa donde vivía Adelaida que era de un americano, Frederick, amigo también de Cristóbal, que es como en el pueblo llamaban a Chistopher.  Esa casa  la dejaba el americano a todos sus amigos y es allí donde Adelaida escribió El Sur. Frederick murió y su hijo tiene ahora la casa que según Cristóbal “tiene mucha historia” ya que Frederick  era un hombre muy generoso que compartía su casa con todos sus amigos.

De Adelaida poco queda en Capileira, sólo el recuerdo de algunas personas,  pero lo más importante de todo esto fue lo que significó para ella esta tierra:

“Y realmente esos cinco años que viví en la Alpujarra fueron de verdad, los más felices de mi vida”.

 

LogoTenemos que añadir que el proyecto Adopta una Autora va a ser pausado durante un tiempo por parte de sus impulsoras, esperamos que puedan retomarlo a la mayor brevedad. Os animamos a pasearos por su página web y descubrir las cientos de autoras adoptadas y el ingente trabajo de personas de toda España y Latinoamérica por poner a la Literatura escrita por mujeres en el lugar que merece: El Visible.

Mientras nosotras seguiremos acercándonos a la figura de Adelaida de cuando en cuando, para que no caiga en el olvido.