Desde hace 5 años venimos denunciando públicamente que el equipo de gobierno del ayuntamiento de Chiclana no cree ni apuesta por la igualdad.

Son diversos los acontecimientos que han marcado un antes y un después en el estado español y también en nuestra localidad. El 8 de marzo, colectivos y asociaciones de mujeres, así como la ciudadanía de Chiclana, plantamos cara a las violencias machistas y demostramos que sabemos auto organizarnos lejos del paternalismo institucional.

Un paternalismo que sigue ejerciéndose hoy en día cuando en un acto que se había desinstitucionalizado se continúa otorgando el poder de representación de una localidad de forma arbitraria y antidemocrática.

La elección de la Chiclanera mayor adulta e infantil sigue manejada por los hilos de este equipo de gobierno después de que las conciencias y la legislación no permitan que públicamente se sigan promoviendo valores que no respeten los derechos humanos ni la diversidad. Somos testigos de cómo los últimos reductos del privilegio machista intentan camuflarse bajo una aparente equidistancia, aludiendo al deber de gobernar para todos y todas por igual y olvidando los principios que supuestamente llevan por bandera.

Una actitud hipócrita que lejos de mostrar interés por el trabajo que cualquier colectivo pueda realizar, es utilizado como mera propaganda partidista momentánea que lo que persigue es mantenerse en el sillón, eludir responsabilidades y enfrentar entre sí a los colectivos. Una actitud cobarde ante una sociedad que ha dejado clara la repulsa ante actos y/o manifestaciones que siguen cosificando a las mujeres.

Los feminismos no pretenden adoctrinar a nadie ni poner en duda las capacidades de aquellas personas que libremente hacen sus elecciones, lo que pretende poner de relieve es la responsabilidad que adquieren los y las representantes políticos con respecto a los valores democráticos y los derechos humanos.

Lo repetiremos mil veces. No por mucho repetir los mismos discursos planos y vacios de contenido se convierte una persona en adalid de la igualdad. No por mucho repetir determinadas palabras se vuelve una persona feminista.